De Omar a Varela. 50 años

1968 fue un año convulso. La campaña política dividió a la oligarquía. Arnulfo Arias volvía luego del fraude de 1964. Esa vez iba contra David Samudio.

Cuatro años antes, Marco Robles, candidato del la oligarquía unida, con el “milagro” de la provincia de Los Santos, le robó la elección a Arnulfo Arias. Algo similar al fraude de 1984, cuando el mimado de los milicos y de los gringos, Nicolás Ardito Barleta, aceptó cínicamente haberle ganado a Arias por 1,713 votos.

Volvamos a 1968. Un sistema político agotado, producto de una corrupción rampante, generó que en marzo la Asamblea Nacional, impulsada por diputados de la alianza de Arias, juzgara y destituyera a Robles, con sobradas razones, por usar recursos del Estado a favor de Samudio. La Guardia Nacional, comandada por Bolívar Vallarino, que era compadre de Robles, no acató la acción de la Asamblea so pretexto de que esperaría un fallo de la Corte Suprema al recurso de nulidad interpuesto por los partidarios de Samudio. Eureka, una corte integrada por vinculados al liberalismo desconoció lo actuado por la Asamblea y Robles se quedó.

Llegaron las elecciones en mayo y hubo todo tipo de intimidaciones por parte de los oficialistas. Meses tomaron los escrutinios hasta que se reconoció el triunfo de Arias. Pero las proclamaciones de los diputados se dieron hasta uno o dos días de la toma de posesión el 1 de octubre.

En ese caldo de cultivo de conspiraciones, los militares, sabiendo que Arias, con facultades dadas por la Constitución, los reordenaría, se confabularon con el visto bueno de los gringos.

Tanto fue así, que el hoy llamado patriota por los torrijistas estuvo en la casa de Efraín Angueira, enlace del Comando Sur con la Guardia Nacional, esperando se consolidara el golpe. Omar Torrijos, como agente gringo que era, salió de la casa de Angueira para comandar el golpe iniciado horas antes en Chiriquí por Boris Martínez.

Desde la tarde del 11 de octubre de 1968, hasta que les cayó la invasión, los militares y sus cómplices cometieron delitos continuados de todo tipo. Contra los derechos humanos, contra la integridad personal, contra el patrimonio del Estado, y súmele más… Pero muy pocos fueron procesados y menos condenados.

Con la instauración del gobierno de Endara se creó la esperanza de que íbamos hacia la democracia. Pues no fue así. Se mantuvo la Constitución de la dictadura, se reconocieron los actos administrativos que hizo la dictadura usurpando funciones. En los 90 se formó algo que hoy se conoce como el Grupo La Taquilla. Era el Club La Llave que, igual que La Taquilla de hoy, cobraba “comisiones” para trastocar los casos para conseguir medidas cautelares menores, descongelar fondos y que con el tiempo los casos se cayeran. Los maleantes de hoy, ya sean perseguidos o perseguidores, solo usan lo ya ensayado hace 29 años.

Han pasado cinco décadas y estamos sin democracia, sin institucionalidad, pero con problemas mayores porque ahora somos más de 4 millones de habitantes, allá éramos más de un millón.

Allá la deuda era de unas decenas de millones de balboas, ahora son 25 mil millones; allá había una delincuencia común muy poco violenta, hoy van disparando y produciendo víctimas. Allá la droga era el “canyac”; hoy tenemos toneladas de cocaína con sus respectivas mafias que van desde el maleante de calle hasta capos, y llegando a abogados y banqueros.

Después de la invasión volvieron los viejos oligarcas, se mantuvieron los nuevos oligarcas creados por la dictadura, y todos ellos, asociados, se han repartido el poder sin mayores diferencias entre unos y otros. El gobierno de Endara fue el menos dañino. Pero lo fue porque no forjó democracia y hemos seguido degradando gobierno tras gobierno.

La corrupción impera y no se ve que se esté estructurando un recambio para aprovechar la coyuntura de mayo de 2019.

50 años después del inicio de la criminal dictadura, estamos peor.

Circos por todos lados que entretienen y no permiten que el ciudadano común atine a concluir que deben organizarse para barrer con tanto pillo y establecer una nueva República que vele por vida, bienes y honra de los ciudadanos.

La partidocracia no ofrece la menor esperanza. Y los llamados independientes, que muchos no lo son, no entienden que serán tontos útiles del sistema si no estructuran un proyecto de rescate nacional, dejando los egos a un lado. Y cuidado con Senafront y Senan, que están mejor organizados que la Guardia Nacional de la década de los 60, e igual ‘orientados’ por los gringos.

Tras 50 años dirán que soy pesimista, yo les digo que es optimismo informado…

El autor es odontólogo

Fuente: LA PRENSA

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Temas: Categorías: America Panama

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