Maximiliano Mazzaro descubrió las fronteras de la impunidad. Acostumbrado a que todas las puertas se abran a su paso, el barrabrava feroz capituló ante un policía de migraciones español que le comunicó, sin mayores explicaciones, que estaba “inadmitido” para pisar el suelo de Madrid. Le toca volverse volando por donde llegó.

La Policía Nacional de España lo anunció sin eufemismos en un comunicado. Dijo que había descubierto a “uno de los Barras Bravas más significativos y peligrosos, con numerosos antecedentes”. Y que por eso “esta persona ha sido devuelta a la Argentina”.

Quizás el ejemplo sirva de alerta temprana a otros delincuentes del paravalancha que pagaron precio de escándalo por los pasajes para ver el River-Boca del exilio en el Santiago Bernabéu. Podrán conseguir, como Rafael Di Zeo , que una jueza los autorice a salir del país a pesar de las gravísimas imputaciones penales que pesan sobre ellos. Lograrán que en Migraciones de Ezeiza los despidan con una sonrisa y un “que tenga buen vuelo”. Podrán evitar que los metan presos cuando los descubren con bolsos repletos de dinero y entradas oficiales para revender, como pasó con Héctor “Caverna” Godoy . Seguirán entrando en malón a las canchas, pisoteando a quien se le cruce en el camino. Habrá policías que seguirán dándoles protección para sus negocios millonarios y oscuros; dirigentes que no dejarán de “colaborar” para que sigan al equipo a todas partes; hinchas que les rogarán una selfie; gobiernos que cuando cometan el próximo crimen prometerán combatirlos hasta las últimas consecuencias. Pero los perseguirá siempre la amenaza de un milagro elemental y burocrático como el que ocurrió Madrid: que un día -sin cobardías ni coimas de por medio- les toque enfrentarse mano a mano al imperio de la ley.

lanacion.com

Fuente: LA NACIÓN

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Categorías: Argentina America

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