Después de un año de debates sobre género, en los boliches y en las playas los vínculos comienzan a ser distintos.

El verano del “No es No”: ellos insisten menos, ellas sienten que ya no hay...

Cuando Macarena tenía 15 años y salía a bailar a algún boliche de Balcarce, donde vive, sentía manotazos por todo el cuerpo cada vez que caminaba en fila con alguna amiga para llegar al baño. “Me daba miedo decir algo, no sé, me paralizaba y no decía nada”, se acuerda ahora, que tiene 18 y está de vacaciones con varias amigas en Villa Gesell. “Pero las cosas cambiaron: en el último año las cosas cambiaron”, advierte con los pies en la arena, cerca de la ronda en la que chicos y chicas se congregan alrededor de un parlante, levantan los brazos, los vasos, y bailan el hit del verano, “Leña para el carbón”.

Es una de sus amigas, Bernardita, quien le pone palabras a eso de que “las cosas cambiaron” durante un año atravesado por el debate por la legalización del aborto, las denuncias judiciales y públicas por violencia de género y las movilizaciones masivas para repudiar ese tipo de delitos contra las mujeres y exigir igualdad de género. “En 2018 se vino una gran ola feminista: antes ni los varones ni las mujeres teníamos tan presente todo lo que eso puede implicar como ahora. Nosotras ahora nos sentimos capaces de responder cuando nos dicen algo sobre nuestros cuerpos en la calle, y en el boliche las cosas empiezan a ser distintas, en estas vacaciones ya lo notamos. Los varones insisten menos para que bailes con ellos o para darte un beso, creo que algunos porque empezaron a entender que cuando decimos que no es no, y otros porque le tienen miedo al escrache”, describe.

"Los varones empezaron a entender y también hay miedo al escrache",
“Los varones empezaron a entender y también hay miedo al escrache”, dicen Macarena, Bernardita y Julieta, que viajaron desde Balcarce hasta Villa Gesell. // Andrés D’Elía

Julián es de Rosario y tiene 17 años. Viajó a Villa Gesell con ocho amigos de la escuela, paga 400 pesos por noche para entrar a bailar y habla del “levante” en las vacaciones. “Algunas cosas son como eran los últimos veranos: a la hora que se arma baile en la playa tal vez hablamos con un grupo de chicas y, si pegamos onda, arreglamos para hacer una previa todos juntos, antes de ir al boliche”, explica. Pero viene el pero: “Pero en el boliche, a la hora de encarar, hay cambios: creo que los varones nos cuidamos un poco más y al primer no, sabemos que hay que cortarla. Antes por ahí insistías un poco más, de forma más o menos indirecta”, sostiene. Uno de sus amigos, Felipe, de 18 años, suma: “Creo que estamos más alerta por todo lo que les pasa a las mujeres: sufren maltrato y violencia y se están haciendo escuchar. Ahora, ante la duda de si la piba te quiere dar bola o no, te retirás, y antes la seguías encarando”, cuenta.

Llegaron desde Rosario por diez días y tienen entre 17 y 18 años. "Estam
Llegaron desde Rosario por diez días y tienen entre 17 y 18 años. “Estamos alerta por todo lo que les pasa a las mujeres”, dice Felipe. // Andrés D’Elía

“Preguntale a él, usa la ‘técnica del Cóndor’, nos enseñó a todos”, sostiene Iván, de 20 años, consultado por los códigos del “levante” playero. Llegó a Gesell desde Villa Constitución, Santa Fe. “El Cóndor” se llama Jerónimo y es el amigo más grande del grupo: tiene 22 años. “Saca a bailar a una chica, le da una vuelta y le mete un beso”, describe Iván, mientras toma vodka con jugo de naranja. “Siempre espero a ver si hay buena onda, pero igual antes hacía mas eso y ahora no tanto porque escucho esto de que cuando una chica te dice que no, es que no quiere. Además me da miedo que me escrachen en las redes, eso se viraliza enseguida y no da. Igual, un beso no es una violación”, dice.

Gino y Bruno, que viven cerca de Rosario, acaban de conocer a Luisina y Luciana, dos amigas mendocinas. “Vinimos tranquilos a Gesell, vamos viendo qué onda con las chicas y si pinta, pedimos teléfono, pero ahora si dicen no, es no”, asegura Gino. “Siempre fue ‘no es no'”, lo interrumpe Luisina, y agrega: “No estaba bueno que te insistieran cuando decías que no”. Para Gino “las mujeres empezaron a revolucionar todo en este último tiempo pero a veces se van al extremo”. “El escrache es un arma de doble filo, hay denuncias que se van al extremo”, señal Luciana. Su amiga opina: “Soportamos mucho tiempo muchas cosas, mucho maltrato y mucha violencia, y si decíamos algo, la culpa era nuestra. Ahora se habla mucho de esto, y todas tenemos alguna experiencia para contar”.

Antes, cuentan las chicas, sentían que había que dar una excusa para decir qu
Antes, cuentan las chicas, sentían que había que dar una excusa para decir que no en el boliche. Ya no: “Es por el movimiento que están empujando las mujeres”, dice Paula. // Andrés D’Elía

“Ahora los pibes encaran pero insisten menos. Es más relajado ir al boliche. Antes yo sentía que tenía que dar una excusa para decir que no y que dejaran de molestar: en general decía que estaba de novia. Pero ahora entendí que ya no tengo que dar esa excusa y que muchos chicos también lo están entendiendo, está bueno”, explica Paula, también rosarina y de 19 años. “Creo que un poco pasa porque hay miedo al escrache, pero si uno se comporta bien, no tendría por qué ser escrachado. Y sobre todo, pasa por todo el movimiento que están empujando las mujeres para toda la sociedad”, reflexiona. Milagros, una de sus amigas, remata lo dicho por su amiga y esta nota: “Es el verano del ‘no es no'”.

Un “trago” para denunciar peligro

“Medio mundo” se llama el trago que hay que pedir en la barra de un boliche pinamarense para que el personal del lugar sepa que la persona que pronuncia esas palabras se siente en peligro. Hay carteles en los baños de La Luna que explican que ese recurso está disponible ante una situación de acoso: “Todo el personal recibió una capacitación en la que participan una ONG y Defensa Civil. Hay un protocolo que se pone en marcha apenas una persona se acerca y avisa que está en peligro, inmediatamente se llama al 911”, explica Manuel Morello, dueño del boliche.

Pueblo Límite es el lugar al que más van a bailar los chicos y chicas que pasan sus tardes ahí donde la calle 104 de Villa Gesell desemboca en la arena. “Estamos trabajando en el diseño de cartelería para ayudar cuando una chica se sienta acosada”, sostiene Pablo Joannas, encargado de Relaciones Públicas del boliche. Estima que ese material estará disponible “en pocas semanas”.

Julieta Roffo

Fuente: CLARIN

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Temas: Categorías: Argentina America Titulares

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