Quiénes la impulsan y por qué. El Presidente, frente al ajuste, los piquetes y el populismo.

Pese a los rumores, Gabriela Michetti vuelve a ser la carta de Mauricio Mac...

En el pico de la crisis cambiaria, cuando el castillo electoral que había construido el Gobierno en los primeros meses del año parecía derrumbarse -un escenario que, aun si pudiera garantizarse la estabilidad del peso, ya no volverá a ser igual al de aquel tiempo efímero en el que la economía crecía y no se vislumbraba una inflación tres veces superior a la pronosticada ni una devaluación tan brusca-, algún estratega fantaseó con una fórmula extrema para 2019: Macri presidente-Vidal vicepresidenta. Imposible. Fue una de las ideas más disparatadas que circuló.

La conformación del binomio presidencial es, sin embargo, una de las deliberaciones que asoman y entretienen en el poder a medida que se enfría la fiebre por el dólar. Se supone que parten de dos premisas: que la elección será muy reñida y que los socios de la alianza gobernante recuperarán protagonismo a medida que avance el calendario, en especial si el espacio se mantiene anclado en las encuestas. Los radicales, cada tanto, presionan para que en el próximo turno uno de los suyos forme parte de la dupla, como lo hacen en la provincia de Buenos Aires. Varios sugieren el nombre del presidente del partido, Alfredo Cornejo, que gobierna Mendoza y no tiene reelección. Es el aspirante exclusivo. Pero desde el macrismo responden por canales informales que la fórmula será estrictamente macrista y que, en el PRO, por tradición, cábala o simplemente porque es el complemento perfecto que sugiere Jaime Durán Barba, la dupla debe estar integrada por una mujer.

Gabriela MIchetti en Naciones Unidas. Fue en representación de Macri.
Gabriela MIchetti en Naciones Unidas. Fue en representación de Macri.

En los últimos meses el nombre que más sonó fue el de Carolina Stanley, la poderosa ministra de Desarrollo Social, que desde la reformulación del Gabinete se quedó con el manejo de Salud y de la ANSeS, lo que equivale al control de más del 60 por ciento del gasto social, un codiciado trampolín político. Stanley, amiga de Vidal y esposa del jefe de Gabinete de la gobernadora, Federico Salvai -otro hombre fuerte e inmiscuido en las cuestiones electorales- se ha cuidado incluso desde lo discursivo: cuando le preguntaron por una eventual postulación siempre esquivó la respuesta. En las últimas semanas no faltó quien dijera que también podía ser el momento de Patricia Bullrich, a quien el Ejecutivo busca convertir en un ejemplo de la lucha contra el narcotráfico. Pero ninguna de esas variantes tienen hoy el suficiente volumen en la cima de la Casa Rosada.

Curiosamente, la única que no apareció hasta ahora en la danza de nombres es la que saca varios cuerpos de ventaja. Gabriela Michetti gana terreno incluso entre los peso pesados que hace tiempo dejaron de ser sus amigos o tienen diferencias con ella, como Marcos Peña. El jefe de Gabinete le reconoce su lealtad y su experiencia en campaña. Y Durán Barba la considera una candidata disciplinada. Es un rasgo fundamental en el manual del estratega ecuatoriano. Otro funcionario que avala la postulación de Michetti es el secretario general de la Presidencia, Fernando de Andreis, hombre de bajo perfil, pero de llegada directa al despacho presidencial y al del jefe de Gabinete.

La actual vicepresidenta ganó todas las elecciones abiertas en las que participó: como número dos de Macri en la Ciudad y en la Nación, y como cabeza de lista a diputada y a senadora. Su única derrota fue en la interna con Horacio Rodríguez Larreta, donde no contó con el respaldo de la cúpula macrista. “Es un pecado que le perdonamos hace mucho”, dicen cerca del Presidente.

Macri sigue viendo a Michetti como a una amiga. Ambos mantienen el ritual de una charla a solas con regularidad, como lo hacían en la Ciudad. La vicepresidenta, dicen, ha aprendido a domar su ego y a llamarse a silencios cuando hay cuestionamientos en su contra. La votación sobre al aborto fue el último de esos episodios. “Vamos, todavía”, soltó en el recinto del Senado tras la votación en rechazo a su legalización. La frase no cayó bien en la Casa Rosada, pero ella no volvió a expresarse en público. Otro punto que valoran puertas para adentro es su bajo perfil cuando viaja en representación del jefe de Estado. Desde la asunción hizo 22 viajes al exterior (18 a países desarrollados). El jueves próximo asistirá a la XXVI Cumbre Iberoamericana de Presidentes. 

Jaime Durán Barba, en la última actividad de Cambiemos. Foto: Marcelo carroll.
Jaime Durán Barba, en la última actividad de Cambiemos. Foto: Marcelo carroll.

La elección del candidato a vicepresidente es central para Cambiemos, pero no tanto para Macri. El primer mandatario sigue convencido de que, aun en medio de las dificultades, los argentinos le darán una nueva oportunidad. Ya no volverá a decir “lo peor ya pasó”, pero está tentado a pensarlo. En rigor, cree que su administración evitó una megacrisis y que lo que él denomina el círculo rojo no toma nota de lo que eso significa. Ahora su preocupación es bajar las tasas. Le parece que están en un nivel inadmisible.

“Estoy listo para continuar si los argentinos creen que este camino del cambio vale la pena”, dijo esta semana. Ni en el peor momento de la crisis dejó de pensar en su reelección. Cuando en algunos círculos se conjeturó que una persistente caída en las encuestas podía abrirle la puerta a Vidal -que mide mejor que él-, una de las personas que más lo ha tratado en su vida le dijo a Clarín: “Eso es no conocerlo a Mauricio. Él realmente quiere estar donde está. La presidencia no se la deja ni a sus hijos”.

Marcos Peña volvería a apostar por Gabriela Michetti como vice de Macri.
Marcos Peña volvería a apostar por Gabriela Michetti como vice de Macri.

Macri no hace pronósticos exactos, pero estima que a mediados del año próximo el Gobierno podrá exhibir mejoras en varios rubros. Quienes han hablado con él en los últimos días sostienen que pide “disciplina” y “no desviarse” del camino. A veces se siente tironeado por izquierda y por derecha. “Pero no me voy a dejar correr”, le dijo a uno de sus ministros. Lo explica así uno de sus funcionarios: “Mauricio piensa que ya hicimos todo el ajuste que la sociedad se podía bancar, pero hay quienes le dicen que no alcanza. Y, al mismo tiempo, tenemos un sector que nos está exigiendo un poco de populismo”.

En el macrismo ansían que la pasión por las finales de la Copa Libertadores y la llegada del G-20 los ayude a ganar tiempo en medio del descontento por la recesión. “La última batalla será diciembre, que siempre es un mes caliente. Sabemos que los muchachos están preparados”, afirman. Los muchachos, en el idioma de un referente oficialista con contactos en el Conurbano, son los que comandan las agrupaciones sociales y piqueteras, muchas de ellas de izquierda y otras con clara orientación kirchnerista. Las protestas se han recrudecido al compás de la crisis.

Horacio Rodríguez Larreta tiene una política contra los piquetes que no satis
Horacio Rodríguez Larreta tiene una política contra los piquetes que no satisface a la administración nacional.

De enero a octubre se registraron casi mil piquetes en la Ciudad. Muchos bloqueos abarcaron el Metrobus, pese al compromiso oficial de dejar liberado el paso del transporte público. Las diferencias entre Nación y la administración de Rodríguez Larreta sobre cómo abordarlos son inocultables. La pasividad con la que juzgan el accionar del jefe de Gobierno va a contramano del deseo de la ministra Bullrich, pero no menos del de su líder político. Rodríguez Larreta ha desarrollado una paciencia oriental en ese punto. Su único termómetro parecen ser las encuestas. Mientras los porteños lo sigan ubicando en un lugar privilegiado rumbo a 2019 -como lo ubican- él no modificará su conducta por temor a pagar costos en la imagen. A Macri esa especulación lo exaspera.

Santiago Fioriti

Fuente: CLARIN

Share
Temas: Categorías: Argentina America Titulares

Video Destacados

Ad will display in 09 seconds