La recreación del primer alunizaje que el director Damien Chazelle nos ha proporcionado no es del estilo que los espectadores esperaban, y mejor así.

First Man 1

Porque, si bien no se trata de la adaptación al cine de la historia que estábamos esperando, puede ayudar a comprender a los espectadores del mundo entero, no sólo cómo la humanidad llegó a poner los pies sobre nuestro más anciano y querido satélite —cuyo origen se supone resultado de la gran colisión de un voluminoso cuerpo celeste con el nuestro— en el Apolo 11 el 20 de julio de 1969, sino también la forma en que lo vivió, sobre todo, el astronauta Neil Armstrong y, con él, su familia, y los sacrificios terribles que se hicieron para lograrlo. Una hazaña colosal con la que se soñaba desde hacía décadas, y en el cine, a partir del corto Viaje a la Luna (George Méliès, 1902), a la que siguieron un buen montón de películas más, como los largometrajes La mujer en la Luna (Fritz Lang, 1929), From the Earth to the Moon (Byron Haskin, 1958), Countdown (Robert Altman y William Conrad, 1967) o Marooned (Jim Sturges, 1969), el mismo año de este primer y heroico alunizaje.

first man damien chazelle

En verdad, la mayor preocupación o el interés más obvio de Chazelle y su guionista, Josh Singer, que ha basado su guion en el libro homónimo del historiador James R. Hansen (2005), no es tanto el proceso en la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA) para acometer semejante empresa que a muchos podría parecerles, y nunca mejor dicho, propia de lunáticos, como el viaje emocional y psicológico del protagonista durante el mismo. Es decir, First Man no es simplemente la narración de esta histórica proeza humana, sino el pedazo de vida de un hombre que asumió sin vacilaciones pero sí con cierta amargura el papel que le tocaba en ella con su propio drama interno sobre los hombros y sus responsabilidades en cuanto a su mujer, Janet, y sus hijos, Eric y Mark. Y esta es la diferencia esencialísima del filme con los cuatro anteriores que habían abordado aventuras espaciales reales:

El chisposo The Right Stuff (Philip Kaufman, 1983) y el académico pero eficaz Apolo 13 (Ron Howard, 1995), ambos de Hollywood y con la presencia de Ed Harris (A Beautiful Mind), y el firme Salyut-7 (Klim Shipenko, 2017) y el ingenuo Spacewalker (Dmitry Kiselev, 2017), las dos aportaciones rusas hasta hoy. Y tal diferencia, que reduce a dramas superficiales a estos cuatro antecedentes, no resulta anecdótica ni por asomo, pues conduce a un estilo narrativo muy concreto, el de los recuerdos familiares impresionistas, por lo que momentos determinados de First Man devuelven a la memoria una hermosura como el largometraje El árbol de la vida (Terrence Malick, 2011) y la retorcida miniserie Heridas abiertas (Marti Noxon y Jean-Marc Vallée, 2018), tan alejadas en su género y asunto de la nueva película de Chazelle.

César Noragueda

Fuente: HIPERTEXTUAL

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