Matteo Salvini en la reunión con los ministros de Interior de la UE, en Viena
Matteo Salvini en la reunión con los ministros de Interior de la UE, en Viena. HANS PUNZAFP

Europa pierde la paciencia, y las formas, con Matteo Salvini. El ministro de Asuntos Exteriores y de Inmigración y Asilo de Luxemburgo, Jean Asselborn, ha estallado este mediodía en Viena, durante una reunión informal de titulares de Interior, con el líder de la Liga. Es habitual que las delegaciones choquen y tengan, a veces, momentos de tensión. Pero no es frecuente que lo hagan con cámaras delante y gritando “alors merde” (a la mierda) mientras arrojan con rabia sus auriculares.

Salvini, encantado en la polémica, tenía el turno de palabra y aprovechó para lanzar varias pullas. Antes habían intervenido ya algunos colegas, incluyendo al representante del Gran Ducado. La reunión, junto a gobiernos del Norte de África, tiene como objeto limar asperezas y buscar fórmulas de entendimiento para solventar la crisis política generada por la cuestión migratoria.

La primera carga fue contra sus colegas y en especial contra el Gobierno maltés. “Hace falta más colaboración interna. Déjenme poner un ejemplo sin espíritu polémico. Esta mañana han llegado casi 200 inmigrantes a Italia desde Túnez, tras transitar durante horas por aguas de Malta. Entre emails y llamadas de teléfono hemos contactado 10 veces con las autoridades maltesas. ¿Respuestas? Cero. Está bien oír hablar de solidaridad, pero viendo los hechos seguimos esperando“, ha dicho el italiano.

“Agradezco a otros países, como Albania, su labor. Han sido más rápidos y eficaces en los últimos meses que otros países [de la UE]. Hago propuestas: todo acuerdo comercial con terceros países debe de tener cláusulas de repatriación de inmigrantes. Hacen falta puertos y países seguros para evitar que proliferen demandas de asilo sin motivos. Los datos italianos dicen que en las últimas semanas sólo tres de cada 10 peticiones se aceptan. Siete de cada 10 se rechazan. Éstas plantean recursos, la mayor parte infundados”, ha asegurado. “Algunos predecesores hablaban de las convenciones internacionales. Bueno, pues éstos deben ser actualizadas. Nos toman el pelo decenas de miles de personas que presentan recursos infundados a cargo de los contribuyentes italianos y europeos y no me gusta que me tomen el pelo”, ha avisado.

Y ahí llego la bronca. La segunda estocada, preparada, tenía como objetivo no sólo Luxemburgo, sino toda la línea de pensamiento demográfico que dice que el continente necesitará mucha inmigración en el futuro. “¿Hace falta inmigración porque envejecemos? Mi perspectiva es muy diferente. Mis ciudadanos me pagan para ayudar a nuestros jóvenes a tener los hijos que antes tenían, no para quitar lo mejor de la juventud africana. En Luxemburgo quizás tengan esas exigencias, en Italia tenemos la exigencia de ayudar a nuestros hijos a tener otros, no tener esclavos para cubrir a los hijos que no tenemos“, le ha espetado a apenas un metro de distancia.

Asselborn, por lo general templado, no ha podido contener su enfado. Primero con monosílabos en voz alta, “vamos, vamos, vamos”, negaciones de cabeza y gestos de incredulidad. Luego interrumpiendo y apuntando directamente con el dedo a su colega.

Salvini, con una visible sonrisa, ha insistido en que quizás “en Luxemburgo tenéis la necesidad de esa inmigración”… A lo que Asselborn, encendiendo el micrófono, ha replicado en voz muy alta: “En Luxemburgo, querido señor, tuvimos decenas de miles de italianos que vinieron a trabajar, como inmigrantes, porque en Italia no teníais dinero para vuestros hijos”.

El italiano, reclamando “educación” y que le dejaran terminar, pues él no “había interrumpido”, ha escuchado cómo el veterano socialista, zanjaba con un “alors merde”, que puede ser usado como un más diplomático “maldita sea” o algo parecido a “Dios santo” o, en tono más agresivo, como un “a la mierda”, que es como ha sido interpretado en Italia.

El choque llega apenas horas después de que el comisario Pierre Moscovici hablara de “pequeños Mussolinis en Europa” y asegurara que Italia “tiene un problema”, lo que provocó la ira de Salvini y Di Maio, que le instaron a “cerrar la boca”.

PABLO R. SUANZES

Fuente: EL MUNDO

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Temas: Categorías: Mundo

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