La sombra de un hombre se ve reflejada en la puerta del consulado de Arabia S
La sombra de un hombre se ve reflejada en la puerta del consulado de Arabia Saudí en Estambul, donde se perdió el rastro de Yamal Khashoggi. SEDAT SUNAEFE

Yamal Khashoggi no es el único periodista saudí cuyo destino se desconoce. El rastro de este columnista crítico con el actual príncipe heredero al trono de los Al Saud, Mohamed Bin Salman, se internó hace más de una semana en la misma oscuridad en la que están otros informadores, cuyas detenciones nunca fueron oficialmente comunicadas.

Nada se sabe, por ejemplo, de Turad Al Amri, desde que se desvaneció en noviembre de 2016 tras emitir un tuit de condena contra el bloqueo de un medio online que publicó un polémico artículo. También se encuentra desaparecido desde hace algo más de un año el poeta y periodista Fayez ben Damakh. Según señala la ONG Reporteros Sin Fronteras (RSF), citando fuentes locales, fue secuestrado y trasladado a Arabia Saudí cuando estaba a punto de lanzar un canal de noticias en Kuwait. No hay confirmación oficial.

Saleh el Shihi, también informador, estuvo meses desaparecido para su familia hasta que su arresto, en diciembre pasado, fue confirmado en febrero. Al mismo tiempo que se sabía que estaba encarcelado salió a la luz su sentencia a cinco años de prisión. Idéntico al caso de Esam al Zamel, economista que también ejercía como periodista: detenido hace un año por criticar la estrategia económica del Gobierno saudí en sus trabajos y del que nada se supo hasta que a principios de este mes se ha anunciado el comienzo de su juicio.

RSF señala que más de 15 periodistas y blogueros han sido detenidos en el reino wahabí “de una manera totalmente opaca desde septiembre de 2017”. En la mayoría de sus casos, no sólo nadie ha comunicado su arresto, sino que ni siquiera se conoce dónde están encarcelados ni qué cargos se les imputan.

Disuelto en ácido

Las desapariciones forzosas se han utilizado con profusión contra voces críticas a lo largo de la historia en multitud de regímenes. El caso de Khashoggi recuerda al del disidente marroquí Mehdi ben Barka, desaparecido en París en 1965. Fue secuestrado el 29 de octubre por orden de la Inteligencia del rey Hassan II y la connivencia de los servicios secretos franceses. Nunca se supieron a ciencia cierta las circunstancias que rodearon a los hechos ni qué ocurrió con su cadáver. Durante la investigación de su paradero algunas fuentes apuntaron que fue trasladado a un chalé donde fue torturado hasta la muerte siguiendo instrucciones del general Mohamed Ufkir, ministro del Interior de Hassan II. Según un antiguo agente de seguridad marroquí, el cuerpo fue disuelto en una cuba de ácido.

Otro caso emblemático es la desaparición de Maurice Audin, en plena guerra de independencia de Argelia. El matemático fue detenido el 11 de junio de 1957 por militares franceses, que lo torturaron y asesinaron. Su familia nunca volvió a tener noticias de él. Francia jamás admitió su responsabilidad, hasta que el pasado 13 de septiembre, el presidente Macron pidió perdón por este crimen. Han pasado 61 años. Todavía hoy no se ha aclarado cómo murió.

La lista es muy larga, tanto como los pasillos en penumbra que guardan sus archivos secretos.

ROSA MENESES

Fuente: EL MUNDO

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Temas: Categorías: Mundo

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