El primer ministro belga, Charles Michel, a su llegada a la Cumbre del
El primer ministro belga, Charles Michel, a su llegada a la Cumbre del Consejo de Europa O. HosletEFE

El primer ministro belga, Charles Michel, se pone de perfil. Tras un buen número de desafortunadas declaraciones por parte de integrantes de su Ejecutivo, hace meses que Michel (liberal francófono en una coalición con partidos flamencos) logró imponer el orden y frenar las salidas de tono en la cuestión catalana. Evitó la escalada, evitó más problemas y ahí quiere seguir. Por eso, este miércoles, se ha lavado las manos dando la espalda a la N-VA y el presidente del Parlamento Flamenco que exigían una reprimenda a la embajadora española en el país por la decisión de Madrid de retirar el estatus diplomático al delegado de Flandes en España.

“Es muy simple. Hay autonomía [En Bélgica] para las entidades, para las regiones, en el plano internacional. Es responsabilidad de Flandes gestionar su relación con España y es responsabilidad de España, según los tratados internacionales, definir de qué manera organiza su relación diplomática, incluyendo las entidades regionales”. Es decir, que no es asunto suyo los problemas que tengan en Exteriores con la cámara flamenca.

Preguntado a su llegada al Consejo Europeo, donde se verá las caras con Pedro Sánchez en la sala de reuniones, si consideraba excesiva la decisión de Josep Borrell, Michel ha vuelto a ser claro a fuer de vago. “No tengo comentarios ni de uno ni de otros. Es responsabilidad del Gobierno flamenco. Respeto su autonomía y las responsabilidades según los tratados internacionales”. Pero una cosa está clara: “no hay conflicto diplomático entre el gobierno federal belga y España”.

El ministro-presidente de Flandes, Geert Bourgeois, había instado esta misma mañana al ministro de Exteriores, Didier Reynders (del mismo partido que Michel) a pedir explicaciones a la embajadora de España, Beatriz Larrotcha por lo que considera un “acto muy hostil”. Bourgeois y presidente del Parlamento de Flandes, Jan Peumans, el protagonisat de casi todas las últimas salidas de tono, han sido en el último año los más vocales. Y los que más agresivos se mostraron con la delegación diplomática española en el país, con encuentros muy tensos.

Por eso, la posición del primer ministro no va a gustar nada ni en la mitad del país ni entre sus socios. Y dejará un sabor agridulce en España. Michel, con demasiados dolores de cabeza, ha optado una vez más por la vía de en medio. Desde Moncloa querrían mensajes mucho más contundentes en los que instara a sus regiones a no provocar conflictos diplomáticos. Pero desde su Ejecutivo han tratado de hacer entender que la Constitución local da un papel propio a las entidades regionales y que sus manos están, más o menos, atadas. Legal y políticamente.

PABLO R. SUANZES

Fuente: EL MUNDO

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Temas: Categorías: España Mundo

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