El líder ultra sueco Jimmie Akesson, en un mitin reciente. JONATHAN NACKSTRAN
El líder ultra sueco Jimmie Akesson, en un mitin reciente. JONATHAN NACKSTRANDAFP

Reprimendas de sus rivales y desaires de los medios. El fin de campaña de Jimmie Åkesson, líder de Demócratas de Suecia (SD), ha sido un agitado reflejo de ese clima yo-contra-todos en el que su partido antiinmigración y anti-UE ha peleado durante la última década.

Primero vino la bronca con la centrista Annie Löof en el último debate televisivo entre los jefes de los partidos, celebrado el viernes en la cadena pública SVT. “¡Qué forma de expresarse es ésa!”, le interrumpió una airada Lööf. “Siempre estás enfadada. Deja de gritar en todos los debates”, replicó Åkesson. Luego vino la sorprendente intervención de la moderadora, Martina Nord, que antes de despedir la retransmisión decidió elegir bando: “Jimmie Åkesson han sido groseramente generalizador y SVT desea expresar su desacuerdo“.

Tanto Lööf como Nord reaccionaron tras una reflexión de Åkesson sobre la alta tasa de paro entre inmigrantes: “No trabajan porque no son suecos. No se adaptan a Suecia y, entonces, está claro que es difícil encontrar trabajo“. En un principio, SVT respaldó a su moderadora, recordando por medio de la responsable de información electoral, Eva Landahl, que la ley de servicio público estipula que la cadena tiene una “responsabilidad especial” ante declaraciones potencialmente ofensivas. El SD habló de “mayor escándalo en la historia de la televisión pública” y SVT dio marcha atrás: Landahl ha sido relevada.

En cualquier caso, la protagonista presencia de Åkesson en el debate de líderes supuso ya de por sí un triunfo personal. En dos legislaturas, el SD ha pasado de no ser invitado a ser el principal foco de atención. Del 5,7% del voto a rozar el 20%. De estar fuera del Parlamento, a luchar por ser el segundo grupo más grande después de los socialdemócratas.

Åkesson, de 39 años, afirma que ya desde la infancia fue consciente de los problemas de integración que, según él, existen en Suecia. Hijo de un empresario y una asistente social “felizmente divorciados”, se crió en Sölvesborg, una pequeña ciudad de la región de Blekinge, en el sureste, donde sigue viviendo con su mujer, Louise, y su hijo, Nils, nacido en 2013. Asegura que en Sölvesborg, de cuyo ayuntamiento es concejal desde 1998, los niños suecos y los extranjeros se juntaban sólo con los suyos y la rivalidad terminaba a veces en peleas.

Siguió asignaturas de Filosofía, Economía y Politología en la Universidad de Lund, cerca de Malmoe, pero no acabó sus estudios. El interés por la política se reveló ya en la adolescencia. Comenzó en las juventudes de los moderados. Sin embargo, su profundo desacuerdo con la visión pro-UE del gran partido de la centroderecha sueca provocó en 1995 su marcha al SD, entonces una minúscula formación nacionalconservadora, antiinmigración y anti-UE.

Minúscula y problemática: varios de sus fundadores y líderes procedían de organizaciones ultraderechistas, más bien racistas y, en algún caso, cercanas al nazismo. Cuando Åkesson accedió a la jefatura del SD en 2005, inició un profundo cambio de dirección para suavizar aristas y alejar al partido de esa imagen de extremismo que asustaba al sueco medio. Sus principales herramientas fueron la exclusión de los miembros más radicales, y un mayor énfasis en el estado de bienestar, especialmente en políticas de familia, sanidad y pensiones, para así atraer a electores que no sólo estuviesen obsesionados con la inmigración.

Exactamente la misma receta con que consiguió el éxito el Partido Popular Danés (DF), sin duda la formación antiinmigración europea más influyente de los últimos 20 años. Åkesson, como Geert Wilders en Holanda, siempre ha dicho que el DF fue su principal inspiración política. El SD y el DF, sin embargo, se han movido en contextos muy diferentes. Mientras los nacionalistas suecos eran marginados por el resto de partidos, el DF ha sido desde 2001 el poderoso aliado parlamentario de los Gobiernos de centroderecha que han dominado la política danesa en este siglo. Mientras el primer ministro sueco, el socialdemócrata Stefan Löfven, sigue calificando al SD de “racistas con raíces nazis”, el DF tiene una excelente relación con los socialdemócratas daneses de Mette Frederiksen, cada vez más dura en inmigración.

Resiliencia, en definitiva, es el rasgo que mejor define a Åkesson. Ha sobrevivido a la aversión de todo el espectro político, de los medios y de gran parte de la sociedad sueca. También al estrés, la depresión y la ludopatía, que le llevaron a estar seis meses de baja entre 2014 y 2015. Ahora recoge su recompensa.

PEDRO POZA MAUPAIN

Fuente: EL MUNDO

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Temas: Categorías: Mundo

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