El sargento Ron Helus, una de las víctimas del terrorista de Thousand Oaks. R
El sargento Ron Helus, una de las víctimas del terrorista de Thousand Oaks. REUTERS

Debería haber sido una noche más de jolgorio estudiantil, college night, como la conocen los lugareños de Thousand Oaks -un suburbio de clase media a unos 60 kilómetros a las afueras de Los Angeles-, una velada donde cada miércoles suena la música country y los alumnos de la zona se sacuden de encima el estrés de los estudios. Pero esta vez terminó en tragedia, en otro tiroteo sangriento en suelo estadounidense, el enésimo. Ian David Long, un ex militar de la Marina de Estados Unidos, acabó con la vida de 12 personas antes de morir en un enfrentamiento con la policía.

Se trata de la segunda masacre que se produce en Estados Unidos en tan sólo 12 días. El pasado 27 de octubre, 11 personas fueron asesinadas en una sinagoga de Pittsburgh, en una matanza antijudía perpetrada por un neonazi.

De acuerdo al recuento de las autoridades, sucedió a las 23:20 de la noche en el Borderline Bar & Grill. Long, armado con una pistola del calibre 45 y un bote de humo para crear más pánico y confusión, comenzó a abrir fuego frente a una multitud que superaba el centenar de personas en ese momento. Muchos de los presentes, la mayoría jóvenes, lograron huir por la parte posterior del local e incluso por las ventanas, mientras Long descargaba la munición que llevaba encima, al menos tres cargadores de su pistola.

Long alcanzó a muchos de ellos, llevándose por delante la vida de 12 personas e hiriendo a otras 22. El único que había sido identificado -al cierre de esta edición- es el sargento de policía Ron Helus, uno de los dos primeros en responder a la llamada de emergencia la noche del miércoles.

Helus tuvo tiempo de llamar a su mujer antes de llegar al Bordeline Bar & Grill para avisar de lo que estaba pasando. “Dijo: cielo, me tengo que ir, te quiero”, de acuerdo al relato del sheriff del condado de Ventura, Geoff Dean. Unos cuatro minutos más tarde de que comenzasen los disparos, Helus entró en el bar en pleno tiroteo. Al entrar por la puerta principal, fue alcanzado varias veces por los disparos.

Un oficial de la patrulla de autopistas de California que llegó al mismo tiempo que Helus se quedó fuera asegurando el perímetro a la espera de refuerzos, y posteriormente procedió a alejar a Helus de la zona de peligro. El sargento falleció poco después en un hospital cercano.

A sus 54 años, estaba a punto de retirarse tras 29 años de servicio. “Ron era un sargento de policía trabajador y dedicado. Estaba totalmente entregado a su causa. Lo dio todo. Y esta noche, murió como un héroe”, indicó Dean con emoción en la voz.

No fue el único en jugarse la vida. Dean explicó que al menos había seis agentes fuera de servicio en el bar. El padre de unas de las jóvenes presentes en el local explicó que uno de ellos se puso delante de su hija para salvarle la vida.

El primero en caer fue un encargado de seguridad en el bar. De acuerdo con Dean, Long entró y se giró hacia la derecha. Entonces comenzó a abrir fuego y alcanzó a los empleados del local que estaban allí de pie. El resto fue pánico, gritos y mucho caos.

“La escena es horrorosa ahí dentro. Un infierno. Hay sangre por todas partes”, describió Dean, que explicó que estaban en el proceso de identificar a las víctimas y contactar con sus familiares y amigos.

De Long se sabe que era un tipo alto, de más de 1,80 metros de estatura, solitario, silencioso y que apenas interactuaba con sus vecinos. Ni siquiera devolvía el saludo cuando le agitaban la mano a lo lejos por la calle, un hombre de puertas para adentro pese a sus 28 años, viviendo aún con su madre y usando su coche para llegar hasta el bar donde descargó sus frustraciones.

Aunque todavía se desconocen sus motivos, las primeras investigaciones policiales apuntan a traumas derivados de su pasado militar. En la Marina sirvió de 2008 hasta 2013, lo que pudo haber derivado en el muy habitual trastorno por estrés postraumático.

Llamativo es el hecho de que meses antes hubiera pasado un examen psicológico tras un incidente con las autoridades. La policía acudió a su casa en abril tras un incidente familiar y detectaron su comportamiento errático, lo que derivó en la posterior entrevista con los especialistas médicos. Llegaron a la conclusión de que no había riesgo de suicidio y que Long no representaba peligro para la sociedad. Rechazaron la opción de internarlo en un hospital psiquiátrico. Queda claro ahora que el error fue mayúsculo.

Entre las víctimas del ex marine Ian David Long está Ron Helus (en la imagen), ‘número dos’ del sheriff y uno de los primeros en llegar al lugar de la masacre. El presidente, Donald Trump, destacó la labor del sargento: “Gran valentía mostrada por la policía. La Patrulla de Carreteras de California estuvo en la escena a los tres minutos… Ese sargento del sheriff murió en el hospital. Dios bendiga a todas las víctimas y sus familias. Gracias a los agentes de la ley”. El gobernador electo de California, Gavin Newsom, dio orden de ondear las banderas a media asta. / P. S.

El jefe de policía del condado de Ventura confirmó que Long adquirió su arma del 45 de forma legal y que no se ha encontrado conexión alguna entre el tirador y los empleados del bar. Lo que sí ha llamado la atención es la conexión entre esta matanza y el tiroteo de hace poco más de un año en un festival de música country en Las Vegas, cuando Stephen Paddock, de 64 años, abrió fuego desde la ventana del casino Mandalay Bay, acabando con la vida de 58 personas. En total descargó más de 1.100 rondas de munición.

Algunos de los que estaban dentro del Borderline Bar & Grill en Thousand Oaks, al oeste de Los Angeles, sobrevivieron a esa masacre en Las Vegas. De acuerdo al diario Los Angeles Times, Chander Gunn, de 23 años, salió corriendo hacia el local en auxilio de una amiga y empleada del bar, una mujer que estuvo presente en el festival de música country de Las Vegas.

“Mucha de la gente que estuvo en el Route 91 viene a este bar”, dijo Gunn. “Hay gente que pasa una vida entera sin ver algo así y luego hay gente que lo ha visto dos veces”.

Long iba vestido de negro y oculto bajo un sombrero y unas gafas de sol, sin un objetivo aparente salvo causar el mayor daño posible. “Sacó la pistola y le disparó a mi amiga que estaba trabajando en la recepción del bar”, explicó al Los Angeles Times Holden Harrah, de 21 años de edad. Otro de los testigos, un estudiante que perdió una pierna en un accidente, relató que sintió pánico e impotencia al ver como Long no paraba de disparar. “Me tiré al suelo y me puse a rezar”, indicó.

PABLO SCARPELLINI

Fuente: EL MUNDO

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Temas: Categorías: Mundo

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