Mariano Rajoy besa a Soraya Sáenz de Santamaría tras su
Mariano Rajoy besa a Soraya Sáenz de Santamaría tras su intervención en el congreso extraordinario del PP de julio. ANTONIO HEREDIA

Para muchos, para casi todos, ha sido y seguirá siendo «la niña de Rajoy». Nadie como Soraya para encarnar los éxitos y los fracasos de siete años al frente del Gobierno. De todo ha habido. Ella prefiere acordarse de los aciertos y así lo hace constar en su comunicado de despedida. También en esto ha seguido los pasos del jefe, abandonando la actividad política. Santamaría, abogada del Estado, más allá de las incompatibilidades que durante un par de años tendrá que respetar por haber sido la principal gestora de los asuntos de Gobierno, tiene el futuro asegurado. No le faltarán ofertas privadas y en cualquier caso siempre puede volver a la función pública. Su experiencia acumulada como número dos del Ejecutivo y antes como portavoz del grupo parlamentario es un potosí.

Hace sólo un par de meses intentó desplegar las alas para volar con su propio radar en política. Aspiró a lo más alto en el PP: la presidencia. Y consiguió ser la preferida por los afiliados en el proceso de dos vueltas para elegir líder que estrenaron los populares.

Sus credenciales eran evidentes: el ejercicio del poder, el Consejo de Ministros, la capacidad de gestión, el BOE, el arte de mover los hilos en la sombra desde lo más alto. Y sin embargo, no bastó.

A Sáenz de Santamaría la sede del PP durante mucho tiempo le pilló a trasmano. Las coordenadas del partido no figuraban en su GPS. La brújula siempre apuntaba a La Moncloa y ella quería que siguiera siendo así aun cuando la parada intermedia, tras la moción de censura triunfal de Pedro Sánchez, tuviera que ser Génova.

Para lograrlo, la ex vice puso el foco en el votante del PP. Quiso jugar en cancha profesional, de primera división; nada de campo para juniors. Su liga siempre fue nacional no orgánica. Y ahí estuvo su tropiezo. Las bases la respaldaron pero los delegados volcaron el voto finalmente a favor del joven y entusiasta Pablo Casado. Fue como si los cuadros intermedios del partido prefirieran reencontrarse a sí mismos, identificarse con los principios clásicos del partido, antes que lanzarse a recuperar La Moncloa con un proyecto liberal.

Sáenz de Santamaría se presentó como la apuesta segura para borrar la sonrisa del sanchismo. Al final fue la suya la que se difuminó.

Inteligente, preparada y dueña de una lengua afilada y rápida, se ha labró fama de buena parlamentaria, capaz de dejar KO al adversario con un par de frases envenenadas. Soraya siempre fue un valor seguro para la batalla dialéctica.

Quienes la apoyaron desde el primer día -un buen número de ex ministros, que ya la arropaba en las rencillas internas del Gobierno, y un nutrido grupo de fieles con escaño destacado en el Parlamento-, se esforzaron en dibujar a su alrededor un aura de máxima eficacia y solvencia, virtudes clave para dirigir un proyecto de país, pero quizá demasiado grandes a bote pronto para liderar un partido en el que se habían diluido las esencias.

Se miraba al espejo y veía la imagen de la primera presidenta del Gobierno de España. Pero no pudo ser. Reconstruir el viejo edificio popular era prioritario y otro -Casado- presentó mejor oferta.

Para sí reivindicó Soraya lo bueno que logró el Gobierno de Rajoy: la salida de la crisis, la vuelta al crecimiento y a la creación de empleo, las reformas. Las deficiencias las ha dejado de lado: la falta de transparencia, la desconexión con los ciudadanos, el cortocircuito con el partido, el fracaso de la operación Cataluña… Todo eso se borró de su discurso hace poco más de meses y así sigue. Su nota de despedida dando cuenta de su última conversación con Pablo Casado así lo pone de manifiesto.

Ella se autodefine como liberal de centro derecha con unas gotas de democracia cristiana. Un cóctel para satisfacer el paladar de muchos que finalmente no le gustó a todos. Santamaría ha asimilado su derrota a lo largo del verano. Ha estudiado los porqués, los motivos y las consecuencias y ha tomado una decisión. Una vez más siguiendo la estela de Rajoy, ha dicho adiós.

MARISA CRUZ

Fuente: EL MUNDO

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Temas: Categorías: España Mundo

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