La primera ministra británica, Theresa May, en la Conferencia conservadora en
La primera ministra británica, Theresa May, en la Conferencia conservadora en Birmingham. STEFAN ROUSSEAUAFP

Theresa May sigue inmersa en sus particulares malabares entre las demandas que le llegan desde dentro de su propio partido y las condiciones que está dispuesta a aceptar la Unión Europea para llegar a un acuerdo sobre del Brexit. Ante la idea de la primera ministra de presentar a Bruselas la oferta de mantener al país en la unión aduanera más allá del periodo de transición para solucionar de paso la crisis en la frontera de Irlanda, un sector del partido conservador le advirtió ayer de que no se le ocurriese extender la permanencia pasado 2022.

En ese año es cuando se espera que se produzcan las próximas elecciones generales británicas, por lo que durante una reunión de los ‘tories’ ayer se le aconsejó, según el diario ‘The Times’, que no se comprometiese a que el país permanezca en la unión más allá de ese momento. “Más allá de esa fecha no podemos saber quién gobernará, por lo que deberemos estar completamente fuera cuando llegue el momento”, explicó una fuente del partido no identificada por el diario inglés.

El consejo suena más a amenaza velada a May, que se adentra en una semana vital para las negociaciones con la Unión Europea sin saber si podrá sacar adelante el acuerdo que consiga traer de Bruselas, si es que vuelve con alguno. Por eso, la primera ministra, que parece ser consciente de que hay un sector de su partido que no va a apoyar su línea de negociación, perfilada en Chequers y con la que parece que irá hasta el final, ha decidido empezar a lanzar guiños a los laboristas como preámbulo de la futura votación en la Cámara de los Comunes para aprobar el posible acuerdo del Brexit.

Según el diario ‘The Telegraph’, miembros del gabinete de May habrían intentado seducir durante los últimos meses a 25 diputados laboristas para apoyar las propuestas del plan Chequers, que sugiere una vía ‘blanda’ del Brexit, durante la vital votación que seguramente se produzca a principios de diciembre. Es por eso, según el diario conservador, por lo que el Gobierno estaría lanzando mensajes de tanta confianza acerca de aprobar cualquier acuerdo que traigan de Bruselas, ya que sin el apoyo de un sector de los conservadores y con el partido de Jeremy Corbyn anunciando su oposición, May lo tenía a priori muy difícil.

El problema ahora para la ‘premier’ es que en el equipo negociador de la Unión Europea se han cansado de la división y la indecisión de los británicos a la hora de saber qué es lo que quieren, y ya han dejado entrever que lo que Irlanda necesita no son 18 meses más de prórroga en la permanencia en la unión aduanera, sino una solución permanente que garantice la estabilidad en la zona. “Evitar una frontera dura en Irlanda tiene que ser algo a prueba de cualquier suceso”, sugiere un embajador europeo en referencia al hecho de que el panorama pueda depender de lo que suceda en las próximas elecciones generales de Reino Unido.

La alternativa con la que quieren convencer los euroescépticos a May es la de unirse al Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, es decir, el TPP, en el que están presentes 11 países y que se vería muy beneficiado por la llegada de una economía tan fuerte como la británica. El primer ministro japonés, Shinzo Abe, ya ha asegurado, por ejemplo, que Reino Unido sería bienvenido “con los brazos abiertos”, pero si May decide seguir por ese camino el país no podría tener relación de ningún tipo con la unión aduanera europea. “De verdad que espero que el impacto negativo que tendrá el Brexit en la economía a nivel mundial, incluido en las empresas japonesas, sea el mínimo”, explicó recientemente Abe en una entrevista con el ‘Financial Times’.

Con las dos propuestas sobre la mesa ahora May tiene que seguir haciendo malabares entre lo que quiere hacer y lo que le van a permitirle, ya que la división dentro de sus propias filas es tan grande que incluso el ministro del Brexit, Dominic Raab, es uno de los que en teoría más contrarios se muestran a la permanencia indefinida de Reino Unido en la unión aduanera. Por el momento, y a pesar de que en el Ejecutivo esperan que no sean capaces de llegar tan lejos, esta semana la primera ministra deberá no sólo negociar con la Unión Europea, sino garantizar que este mes se aprueben los presupuestos del país en una votación que alguno de sus parlamentarios podría aprovechar para mostrar su descontento.

ALBERTO MUÑOZ

Fuente: EL MUNDO

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Temas: Categorías: Mundo

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